¿Qué han supuesto para nosotros los círculos? Experiencias personales.
¡Hola de nuevo tejedores!
Esta entrada espero que sea un poco diferente a las anteriores, ya que no seré yo quien os cuente mi experiencia o presente la teoría sobre prácticas restaurativas. En este caso, he contado con la ayuda de muchas de las personas que formaron parte de mi recorrido en la convivencia de mi instituto y serán ellos los que os cuenten qué ha significado los círculos para ellos, en que les ha ayudado, que les costó más...
Una cosa que aprendí gracias a los círculos y la convivencia es que nadie camina solo. En convivencia siempre contamos con el apoyo de los demás y es justo eso lo más valioso, porque gracias al otro aprendemos millones de cosas que por nuestra cuenta nunca hubiéramos descubierto. Además, estar acompañado hace que el crecimiento personal sea mucho más divertido y enriquecedor.
Por eso, hoy no quiero que me leáis solo a mí. Quiero que tengáis la oportunidad de aprender directamente de aquellas personas que a mí me ayudaron a entender el valor y el funcionamiento de estas prácticas. He recogido el testimonio de una pequeña parte de cada pilar que sostiene la convivencia del centro: alumnos y facilitadores, familias, docentes, trabajadores sociales y orientadores. En cuanto a la participación del director, por trámites y por la alta carga de trabajo, todavía no tengo su respuesta, pero en cuanto la reciba la incluiré (¡estar atentos al blog, que seguro que merece la pena la espera!).
Sin más dilación, voy a presentaros sus testimonios estructurados según las preguntas de las entrevistas:
1. ¿QUÉ ES LO MÁS VALIOSO QUE HAS APRENDIDO EN LOS CÍRCULOS?
Juan de Vicente (Orientador): Para él, la riqueza está en la diversidad de miradas. "Lo más valioso es ver puntos de vista diferentes sobre un mismo tema; perspectivas de sentimientos y pensamientos que te aportan una visión mucho más completa".
Cristina (Trabajadora Social): Destaca la importancia de los espacios para compartir. "Darme cuenta de que necesitamos espacios para compartir sentimientos. Me ha ayudado a quitarme prejuicios y a entender que hay que conocer antes de juzgar".
Luis Manuel (Alumno): Se centra en la comunicación eficaz. "He aprendido a expresarme y a saber escuchar. Es clave usar un lenguaje preciso y evitar adjetivos vacíos como 'bien' o 'mal' para que el resto entienda tu punto de vista".
Martín (Alumno): Valora la competencia comunicativa. "Lo más valioso ha sido la facilidad que se te queda después para realizar intervenciones en cualquier otro ámbito social o profesional".
Jon (Alumno): Resalta el liderazgo. "Me ha ayudado mucho a saber gestionar un grupo y a aprender a expresarme con seguridad frente al público".
Arantxa (Alumna): Se queda con la horizontalidad. "He aprendido la escucha activa y la importancia de hablar desde el 'yo'. El círculo da voz a cada integrante y te enseña a prestar atención a todos por igual".
Carlota (Alumna): Lo aplica a su futuro: "He adquirido herramientas de comunicación y empatía que ahora, en la carrera de Medicina, me sirven para la relación médico-paciente y para comunicar malas noticias".
Amelia (Alumna): Se queda con el enfoque personal. "He aprendido a afrontar las situaciones centrándome en cómo me siento yo, en lugar de intentar dar por hecho o adivinar lo que sienten los demás involucrados".
Lucía (Orientadora): Nos habla de la pausa necesaria. "Lo más valioso es la importancia de la escucha sin prisas ni juicios. Es un privilegio de pausa que los alumnos agradecen muchísimo".
Marta (Docente): Para ella fue un cambio vital. "Gracias a los círculos entiendo el conflicto y mis emociones de otra manera. He conseguido verbalizar cosas que antes no era capaz y entenderme mejor a mí misma".
María Ángeles (Madre): Resalta la conexión humana. "Ver que al final no somos tan distintos, que tenemos las mismas preocupaciones y valores. Sentirme identificada con los demás me ha hecho empatizar muchísimo".
Ana (Madre): Destaca el crecimiento personal. "A los que facilitamos nos hace mejores personas. Aprender a escuchar sin juzgar y crear un espacio seguro de diálogo es una herramienta valiosísima".
2. ¿QUÉ FUE LO QUE MÁS TE COSTÓ AL PRINCIPIO O CUÁL HA SIDO EL MAYOR DESAFÍO QUE HAS ENCONTRADO EN ESTE PROCESO?
Ninguna práctica restaurativa ni técnica de convivencia es una fórmula mágica que funciona nada más aplicarla, ni siquiera tienen por qué salir bien la primera vez que las ejecutas. Estas metodologías requieren un aprendizaje, práctica y constancia diaria; por ello es fundamental tener claro el objetivo, querer formar parte del cambio y no rendirse. Los errores son parte del aprendizaje y es normal que nos cueste al principio.
Les realicé esta pregunta para que pudieseis ver cuáles son las partes más complejas de estas metodologías y saber que, aunque existan desafíos, están ahí para que aprendamos y nos superemos aún más. ¿Qué sería la vida sin retos? Ya os lo digo yo: un absoluto aburrimiento.
Juan de Vicente: Su reto fue gestionar el rol de los adultos. "Lo más difícil fue parar el tiempo a los profes; evitar que soltaran discursos o usarán el círculo para echar broncas, porque ahí todos debemos tener el mismo tiempo".
Cristina: Menciona el esfuerzo profesional por "mantener la escucha como herramienta básica y aprender a evitar los juicios rápidos antes de conocer la historia de la otra persona".
Luis Manuel: Sufrió con la claridad. "Lo que más me costó fue expresar cómo me sentía de forma que la gente me entendiese de verdad. Al principio necesité mucha ayuda de los facilitadores".
Martín: Su reto fue el filtro. "Tuve que aprender a cuidar el lenguaje; siempre he sido muy 'bruto' y directo hablando, y el círculo me enseñó a controlar eso".
Jon: Se enfrentó al respeto de sus iguales. "Lo difícil es que gente de tu misma edad se tome en serio la dinámica y te respeten como moderador o ponente cuando estás llevando el círculo".
Arantxa: El reto de los nervios. "Me costaba no ponerme nerviosa al hablar en público y concentrarme en lo que decían los demás en lugar de estar pensando solo en lo que yo quería decir".
Carlota: El desafío de la neutralidad. "Lo más difícil fue aprender a apartar mis prejuicios y opiniones personales para ser imparcial y objetiva a la hora de realizar las preguntas".
Amelia: Tuvo que aprender a callar el ruido mental. "Me costó adaptarme a la dinámica de hablar desde mis sentimientos sin juzgar los ajenos, y entender la escucha activa: que el otro sienta que estás ahí sin agobiar".
Lucía: Señala el miedo a mostrarse. "Enfrentarte a la vulnerabilidad no es sencillo. No estamos acostumbrados a exponer nuestro mundo interior de forma tan abierta o libre".
Marta: Su desafío fue la introspección. "Me costó conseguir verbalizar el malestar. Los círculos me obligaron a situarme en mis emociones desde otro punto para poder compartirlas con los demás".
María Ángeles: El reto fue la intensidad emocional. "Me cuesta mucho controlar mis emociones; me tiembla la voz y lloro. Me emociona ver lo cerca que estamos unos de otros, especialmente cuando los adolescentes hablan de sus padres".
Ana: Lucha con la gestión del grupo. "Me cuesta frenar a las personas que se extienden demasiado. Todavía es un desafío para mí ver el momento adecuado para reconducir la charla".
3. ¿POR QUÉ SON UNA BUENA HERRAMIENTA PARA MEJORAR LA CONVIVENCIA?
¿Por qué creemos que el círculo es la solución? Aquí os dejo algunos de sus argumentos:
Juan de Vicente: Es pura prevención. "Es la mejor oportunidad para tener conversaciones interesantes sobre temas que nos importan antes de que surja el problema. Es un lugar de desahogo y conexión".
Cristina: Por el aprendizaje compartido. "Tener espacios para compartir sentimientos nos ayuda a cuidarnos y a sentirnos mucho más vinculados a la comunidad" .
Luis Manuel: Por la inteligencia colectiva. "Al estar todos juntos salen soluciones basadas en todas las opiniones, no solo en la del profesor o en soluciones individuales que no ayudan al grupo" .
Martín: Por la eficacia. "Permiten poner cara a cara a las personas que tienen un problema y les dan la posibilidad de hablar directamente, no por separado" .
Jon: Por la participación activa. "Fomenta que los alumnos propongan sus propias soluciones, enriqueciendo el aprendizaje y el pensamiento crítico".
Arantxa: Por la visibilidad. "Das voz a los alumnos y profesores más tímidos, que a veces quedan opacados por los que son más comunicativos" .
Carlota: Por la seguridad emocional. "Crea un vínculo en el aula que hace que el instituto sea un espacio seguro y que las acogidas de alumnos nuevos sean mucho más afables".
Amelia: Humaniza el aula. "Da la oportunidad de que gente que no se conoce o no se habla se escuche. Nos hace ver que todos somos personas y vivimos las situaciones de distintas maneras" .
Lucía: Por la desconexión digital. "Son espacios privilegiados para que el alumnado se reúna presencialmente, sin tecnología de por medio, para conocerse de forma sana y profunda" .
Marta: Por el vínculo familias-escuela. "Me permite ver más allá del conflicto, entender las necesidades de los niños y mejorar la relación con las familias, que es algo fundamental" .
María Ángeles: Genera un efecto dominó. "Ves al ser humano que hay al otro lado y eso ayuda a no juzgar. Tratar un tema en el círculo te hace recapacitar mucho tiempo después de que este termine" .
Ana: Por la igualdad. "Iguala a grandes y pequeños en la forma de participar. Todo el mundo aporta sin ser juzgado, lo que genera una reflexión grupal muy potente" .
4. EL IMPACTO EN LA VIDA FUERA DEL INSTITUTO
Como ya os he comentado antes, la convivencia no se queda solo en el aula. Los círculos, aunque parezca que dan miedo, te persiguen a lo largo de toda la vida. Un ejemplo claro es este blog, para mí fueron un antes y un después, tanto que estoy estudiando Pedagogía en parte gracias a ellos.
Juan de Vicente: "Crea una cultura de centro. La gente se acostumbra a escuchar y a decir cosas coherentes. También lo aplicamos a las familias y el resultado es igual de rico".
Cristina: "Me ha ayudado a entender y solucionar conflictos con mi madre, mis parejas y mis amigos. Me ha cambiado la vida personal y profesional".
Luis Manuel: "Una vez sabes decir lo que te pasa y entiendes lo que le pasa al otro, tienes mucha ventaja para resolver cualquier problema de forma fácil y efectiva".
Martín: "He aplicado estas herramientas a mi sector profesional actual y me han venido fenomenal para comunicarme mejor".
Jon: "Saber gestionar grupos y debatir ideas son armas fundamentales para mi día a día".
Arantxa: "Cualquier persona que participe acaba cogiendo herramientas de escucha activa y orden que emplea en su vida, se dé cuenta o no".
Carlota: "He sido delegada de mi clase en la carrera y haber vivido los círculos me ha ayudado a dialogar mejor con profesores y compañeros".
Amelia: "Lo aplico en mi día a día. Me ha ayudado a crecer, a entender la importancia de la inteligencia emocional y a saber que no se puede resolver nada sin sentarse a hablar".
Lucía: "Me ha cambiado la mirada. Ahora me centro en el valor único de cada persona y en el vínculo comunitario, que es el eje de mi intervención como orientadora".
Marta: "Como docente de Primaria, esta perspectiva me ayuda a intervenir en conflictos de otra manera y a conectar muchísimo más con mis alumnos de 7 años".
María Ángeles: "Lo vivo en mi propia casa. Veo cómo mi hija resuelve los conflictos, cómo da su opinión y gestiona los problemas de forma positiva. Es un acierto total" .
Ana: "Ojalá esta cultura estuviera más extendida en otros ámbitos sociales. Es un ejemplo de convivencia para todos".
Es posible que os hayáis quedado con ganas de más y os hayan surgido más dudas o querráis conocer un poquito más de cada entrevistado. Pero como es lógico y muy a mi pesar no puedo hacer una entrada infinita. Antes de cerrar el blog me gustaría hacer una pequeña conclusión sobre esta entrada:
Después de leer y releer los testimonios de mis compañeros, me he vuelto a dar cuenta que la convivencia no es una meta, sino que son todos los lazos que vamos tejiendo a lo largo de nuestra vida con todas aquellas personas que nos encontramos. La mejora de la convivencia busca que estos lazos sean más fuertes y suaves, que no duelan. Este blog lo nombré como tejiendo puentes con Nuria y es que quiero que la convivencia se viva así, que juntos tejamos lazos cada vez más sólidos que nos lleven al desarrollo integral de cada uno de nosotros y que también ayudemos a que los que están a nuestro alrededor lo hagan.
Me emociona muchísimo ver cómo la vulnerabilidad de la que habla Lucía se convierte en la fuerza profesional que demuestran Cristina o Carlota. Me impacta comprobar que el esfuerzo que tuvo que hacer Martín por "no ser tan bruto" o de Luis Manuel por buscar la palabra exacta son, en realidad, los cimientos de una sociedad más bonita, más amable. Sobre todo, me quedo con la imagen de María Ángeles viendo a su hija resolver conflictos en casa: ahí es donde te das cuenta de que el esfuerzo en las aulas tienen un eco infinito.
A lo largo de todo mi recorrido y después de realizar esta entrada, he aprendido que los círculos nos enseñan a mirar al otro no como un problema, sino como una historia. Estudiar Educación Primaria y Pedagogía es mi forma de intentar que estas historias sigan teniendo un espacio seguro donde contarse. Porque, como dicen Juan y Ana, si igualamos a grandes y pequeños en la escucha, el mundo deja de ser un lugar de "broncas" para convertirse en un lugar de "conexión".
Quería darle las gracias a mis doce entrevistados por regalarme sus palabras y su tiempo. Y gracias a vosotros, tejedores, por acompañarme en este viaje. De verdad, recordad que no importa si os tiembla la voz o si al principio os cuesta encontrar las palabras; lo importante es no soltar el hilo y seguir sentándonos, frente a frente, a escucharnos.
Espero que os haya gustado mucho la entrada. Como siempre os digo, estoy atenta a vuestros comentarios y si tenéis cualquier duda o sugerencia, ¡no dudéis en escribir!
| imagen creada con Gemini |
¡Nos leemos pronto! ✨
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