No se puede construir una escuela PARA los alumnos SIN los alumnos

¡Hola de nuevo, tejedores!

¿Os acordáis de la sensación de nudo en el estómago que sentisteis al pasar de 6º de Primaria al instituto? Yo sí. Recuerdo sentirme pequeña, entrando en un mundo de gigantes, con un camino muy largo todavía de estudios por delante, pero sintiéndome más cerca de la universidad, más cerca de ser MAYOR.

Entrar al instituto me generaba mucha incertidumbre y miedo; no sabía cómo iba a ser, si me iba a perder entre tantos pasillos o si iba a hacer amigos nuevos. Creo que mi mayor miedo era sentir que no iba a encajar. Recuerdo una charla que nos dieron en el colegio sobre cómo iba a ser el instituto y bueno nos contaron de todo menos cosas bonitas. Nos dijeron que iba a haber muchos exámenes, que habría que estudiar muchísimo más, que los profes apenas nos iban a conocer y les dábamos "igual" que, si te portabas mal, te ponían partes e incluso te podían expulsar unos días a casa.

Ahora echo la mirada atrás y me quedo loca con esa charla. La realidad del paso a la secundaría fue bastante diferente a lo que nos contaron: los profesores eran muy considerados, había que estudiar, sí, pero no fue imposible y los partes no eran tan comunes.

Pero lo que realmente marcó la diferencia no fue solo que los profesores fueran amables, sino cómo nos recibieron. Al llegar al IES Miguel Catalán, me encontré con que no estaba sola frente al peligro; el equipo de orientación del instituto nos sostenía, tenían preparado un plan de acogida que nos facilitó muchísimo nuestra llegada.

Aquí fue donde hice por primera vez un círculo. Lo que más me gustó es que nos tuvieron en cuenta: nos preguntaron por nuestras inquietudes y miedos, y resolvieron todas nuestras dudas. No solo eso, sino que también conocimos a compañeros de otros cursos que nos dieron más seguridad, explicándonos cómo funcionaba todo. Este fue mi primer acercamiento al Proyecto Puente, el lugar donde comencé a descubrir el mundo de la convivencia.

¿QUÉ ES EL PROYECTO PUENTE?

Este proyecto se creó en mi instituto para facilitar la entrada de los alumnos de primaria a secundaria. Para que la transición de un curso a otro fuese más fácil, se propuso formar a los alumnos de 1º de la ESO nada más comenzar para que aprendieran a facilitar círculos de convivencia. Así, en junio, cuando las clases están por terminar, nosotros mismos íbamos a los colegios a realizar esta práctica. Intercambiábamos experiencias, escuchábamos a los pequeños, resolvíamos sus dudas y tratábamos de transmitirles calma y entusiasmo por el cambio.

Esta experiencia fue tan potente que no se quedó solo en los pasillos de nuestro instituto. Tuve la suerte de poder plasmar todo esto en un artículo para la revista Convives (Nº32). En él tanto una compañera como yo, explicábamos que lo más importante es la prevención: si creamos una base de confianza y vínculos antes de que surjan los problemas, el entorno de aprendizaje se vuelve mucho más agradable.

Tal y como escribí en aquel artículo: "Aprendí a crear un lugar cómodo en el que todos somos iguales y podemos contar nuestras dificultades, miedos y también las cosas que nos ilusionan". Fue un momento clave para darme cuenta de que nuestra voz, como alumnos, tenía un valor real y profesional.

Además, pude participar en el foro del consejo de la comunidad de Madrid en el que junto a mi compañera compartimos y explicamos en qué consistía el proyecto. En él se aprecia perfectamente lo que vivimos nosotras a través del proyecto, lo que aprendimos y consideramos más valioso. Os dejo el vídeo que se grabó en esa jornada y el enlace a la revista aquí adjuntos por si os apetece verlo.

¿POR QUÉ ES ESTO PARTICIPACIÓN REAL? 

Si os soy sincera, cuando yo recorría los colegios con el Proyecto Puente o cuando me sentaba en aquellos círculos, no sabía que existían teorías complicadas sobre la participación. Yo simplemente lo vivía. Para mí, la participación tenía un nombre propio: Juan de Vicente Abad.

Él, como mi profesor y orientador, no se limitó a enseñarnos teoría; nos lanzó a un "laboratorio de ciudadanía". Como Juan suele decir, "el círculo no es solo una forma de sentarse; es un espacio de igualdad donde se rompe la jerarquía para dar paso a la humanidad". Bajo su guía, aprendí que mi voz y la de todos mis compañeros importaba, pero ha sido ahora, al llegar a la universidad y estudiar a los grandes pedagogos, cuando he comprendido la profundidad de lo que Juan nos permitió construir.

Roger Hart: 

Al leer a Roger Hart para indagar aun más sobre la participación del alumnado, sentí un clic inmediato. Hart diseñó una Escalera de la Participación para denunciar que, a menudo, los adultos usan a los jóvenes como "decoración". Al ver sus peldaños, comprendí por qué me sentía tan realizada en el instituto: Juan nos había subido de golpe a los peldaños más altos (participación real y decisiones compartidas). Lo que yo vivía como una aventura emocionante era, en realidad, el nivel máximo de democracia escolar que Hart defiende.

"La participación es el proceso de compartir las decisiones que afectan la vida propia y la vida de la comunidad en la cual se vive. No es solo un derecho, es un medio para aprender a ser ciudadanos." — Roger Hart.

Harry Shier: 

Este autor me ha ayudado también a entender mi paso y evolución en el Miguel Catalán. Él explica que para que un joven participe, no basta con que el joven quiera; el adulto tiene que estar dispuesto a dejarse influenciar. 

Aunque es una idea que puede parecer muy obvia, creo que es la barrera más complicada de romper. En mi recorrido, muchas de las principales dificultades que encontrábamos eran aquellos profesores que no cedían espacio a las voces de sus alumnos; aquellos que pensaban que no tenían nada que aprender de sus estudiantes o que escucharlos era una pérdida de tiempo, ya que alguien con tan poca experiencia en comparación con la suya no debía tener nada enriquecedor que aportar.

Desde luego, esta mentalidad lo único que consigue es estancarnos: impide que aprendamos los unos de los otros y nos condena a reproducir siempre las mismas ideas. Ahora entiendo que si mi voz llegó hasta el Ministerio de Sanidad no fue por casualidad. Fue porque en mi centro se cumplían los "caminos" de Shier: nos dieron la apertura, la oportunidad y, finalmente, la responsabilidad compartida. Shier le puso nombre técnico a lo que Juan de Vicente nos entregó en mano: el poder de transformar nuestra realidad.

"Para que la participación sea real, no basta con dar voz; es necesario que los adultos tengan la disposición de ser influenciados por las opiniones de los jóvenes." — Harry Shier.

Tres razones por las que nuestra voz cuenta: 

    - La vivencia como experto: los expertos tienen libros, pero nosotros tenemos el día a día del aula. 

    - Competencias de vida: la empatía y la mediación no se memorizan; se entrenan participando. 

    - Justicia educativa: no se puede construir una escuela PARA los alumnos SIN los alumnos.

En definitiva, mi historia no empezó estudiando en la universidad, sino en un aula de un instituto de Coslada. Gracias a la visión de mi profesor, Juan, tuve la suerte de vivir la participación antes de leerla. Y gracias a autores como Hart y Shier, hoy puedo mirar atrás y entender que lo que hacíamos en el Miguel Catalán no era solo convivencia, era vanguardia educativa. Gracias a ese "laboratorio", hoy sé que cuando un alumno se siente escuchado, su compromiso con el mundo cambia para siempre. Y fue ese compromiso el que me llevó a meter nuestra experiencia en una maleta y salir de Coslada para compartirla con el resto del país. 

VIAJES DE CONVIVENCIA

Llevar la teoría de los libros a la realidad no siempre es fácil, pero tuve la suerte de que mi formación no se quedó entre las paredes de mi instituto. Junto a mis compañeros y profesores, salí a compartir lo que hacíamos. Cada viaje fue un aprendizaje distinto, una pieza más en este puzle de la participación.

📍 Primera parada: Toledo

Toledo fue nuestra primera salida y el lugar donde nos dimos cuenta de que ya no éramos solo alumnos. Fue la primera vez que tuvimos la oportunidad de enseñar, tanto a estudiantes como a profesores, cómo funcionaban los círculos. Aprendimos sobre la exteriorización de sentimientos y otros métodos para mejorar el clima en el aula, pero lo que más me marcó fue el reto de guiar a otros en una práctica que, hasta entonces, solo habíamos vivido desde dentro.


📍 Segunda parada: Galicia

En Galicia la experiencia fue mucho más profunda a nivel personal. Fuimos a un colegio en un pueblo donde nos recibieron con los brazos abiertos, compartieron con nosotros su cultura, sus playas y su día a día. Nosotros les llevamos nuestra metodología y les enseñamos a facilitar círculos.

Lo más especial de este viaje no fue solo lo académico, sino la "piña" que hicimos. Ganamos amigos, personas con las que conectamos tanto que, dos o tres años más tarde, vinieron a Madrid a visitarnos y a seguir compartiendo prácticas restaurativas en nuestro centro. Ahí entendí que la convivencia no solo mejora el ámbito académico sino también el personal. 

📍 Tercera parada: Bilbao

Si tengo que quedarme con un viaje, sin duda es el de Bilbao. Fue una inmersión total: hacíamos círculos en todos los cursos y formábamos a delegados y tutores. Fue un viaje de contrastes; nos encontramos con grupos muy diversos donde vivimos de todo, desde personas que rechazaban frontalmente las prácticas hasta otras que se "abrían en canal" y terminaban llorando con nosotros.

El círculo que cambió mi perspectiva. Hubo un momento que nunca olvidaré, un círculo específico para los docentes del instituto, que realicé junto a las profesoras de prácticas y orientadores. Ahí pude comprender, por primera vez, el "otro lado". Escuché sus miedos a aplicar estas técnicas, sus incertidumbres y sus dudas.

Incluso en los profesores más críticos, los que pensaban que esto no servía de nada, vi un cambio. Al final, intentaron dar una oportunidad a esta experiencia. Salí de allí con una sonrisa enorme porque comprendí una lección vital, la convivencia no es una utopía que funciona de la noche a la mañana, es un proceso de constancia. Me dieron la oportunidad de hablar y ser escuchada, pero sobre todo, de practicar la escucha activa con adultos que estaban llenos de miedos e ilusiones a partes iguales. Fue la primera vez que fui consciente de la implicación de todos los profesores en nuestro aprendizaje, incluidos aquellos que a nuestros ojos aparentaban ser más distantes, les importábamos. Fue, sin duda, una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida.


Nuestra voz en el MINISTERIO de SANIDAD

Todo este camino, los nervios en Toledo, los amigos de Galicia y los aprendizajes en Bilbao, nos llevó a un lugar al que jamás imaginé que podría llegar: el Ministerio de Sanidad. Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, nos vimos sentadas mi amiga Carlota y yo, con 16 años, frente a frente con ministras y ministros de nuestro país.

Si os soy sincera, los nervios me jugaron alguna mala pasada y, aunque sé que la experiencia y la presentación fueron increíbles, hoy me cuesta recordar mi discurso palabra por palabra. Aun así, me acuerdo de los temas relevantes de los que hablamos: la convivencia en mi centro, la importancia de dar voz y escuchar a los alumnos para detectar problemas y necesidades, y la urgencia de dar espacio a las emociones sin reprimirlas. En pocas palabras, la idea clave que me llevé de esa jornada es que la convivencia y la salud mental son dos caras de la misma moneda.




VISITA DE PILAR ALEGRÍA AL MIGUEL CATALÁN

Lo que vivimos en el Ministerio no se quedó en una simple anécdota institucional. Poco después, en noviembre de 2022, la propia Ministra de Educación, Pilar Alegría, quiso venir a nuestro instituto para conocer de primera mano cómo trabajábamos la convivencia.

No vino solo a mirar desde fuera; vino a participar con nosotros en las actividades de prevención del acoso escolar, vino a formar parte de algunos círculos. Verla en nuestro centro, escuchando y formando parte activa de los círculos como una más, fue la validación definitiva de que las prácticas restaurativas no son solo una teoría en los libros, sino una herramienta real que funciona. Aquel día sentí que el círculo se cerraba de verdad, habíamos pasado de hablar de convivencia en nuestra aula de Coslada a ver cómo nuestra forma de tratarnos inspiraba a quienes tomaban las decisiones.




Echar la vista atrás me hace sonreír al recordar a esa niña de 1º de la ESO que tenía miedo de perderse entre los pasillos del instituto. Quién me iba a decir que aquel plan de acogida no solo me ayudaría a hacer amigos, sino que acabaría siendo lo que guiara mi trayectoria personal y profesional.

Hoy, mientras sigo mi camino en la universidad, entiendo que participar es mucho más que hablar, es entender que nuestra experiencia tiene mucho valor. Gracias a la visión y guía de Juan y a todo lo que he aprendido de autores como Hart o Shier, he comprendido que los estudiantes no somos sujetos pasivos que esperan ser enseñados, sino agentes de cambio capaces de mejorar el mundo que nos rodea.

Este viaje me ha enseñado que la convivencia no se impone, se construye. Y lo más importante, que cuando se confía en nosotros, no solo mejoramos el clima escolar, sino que aprendemos a ser mejores personas.

Gracias por acompañarme en este recorrido por mis recuerdos y aprendizajes. Si tenéis alguna duda no dudéis en escribirla en los comentarios.

¡Os leo! ✨

Comentarios

  1. Que interesante todo lo que cuentas Nuria! Sin duda que se nota todo tu aprendizaje en tu forma de expresarte y de desenvolverte al hablar en clase. Que bonito también que hayas vivido este tipo de experiencias, se nota que te han enriquecido y has sabido exprimirlas al máximo, espero que sigas contando en tu blog todo lo que te llevas de ellas para que así los que te leemos podamos llevarnos un trocito de ellas ;))

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  2. ¡Graciass Andrea! Si te digo la verdad, a veces dudo de si me explico bien o si me dejo llevar demasiado por la pasión de estas prácticas y no termino de transmitir el mensaje que quiero. Me alegro mucho de que te lleves algo de mis experiencias, al final, ser docentes consiste en que compartir.

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